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Garcia Asensio 

Enrique García Asensio: "Aún espero que me den el Premio Nacional de Música"

El maestro valenciano Enrique García Asensio (Valencia, 1937) ha sido uno de los maestros españoles más notables de las últimas décadas. En ocasión de su ochenta cumpleaños conversa con nosotros acerca de sus nostalgias, sus orígenes y nos confiesa algunas espinitas clavadas. 

La primera pregunta quizá sea una obviedad, pero ¿cómo se encuentra? No todos los días se cumplen 80 años.

Me encuentro estupendamente. Ahora preparando conciertos que tengo en octubre en Valencia y después con la Orquesta de RTVE, el estreno del Premio Reina Sofía del que este año me encargo yo. Trabajo menos que antes porque no estoy fijo en ningún sitio, pero sigo escribiendo e impartiendo cursos. Se está preparando ahora la traducción al inglés de mi libro sobre la técnica de Celibidache.

Ahora mismo sigue dirigiendo, como bien apunta, aunque cada vez menos imagino.

Sí, cuesta más que me inviten, no sé si por mi edad o por el mero hecho de no tener una vinculación regular y estable con ninguna orquesta. No tengo el mismo trabajo que tenía antes, pero es que siempre he tenido alguna titularidad: en Madrid, en Valencia, en Bilbao o en Las Palmas. El día que yo me note que no hago mi trabajo al nivel que yo mismo me exigo, entonces lo dejaré. No estoy para hacer el tonto; por ahí no voy a pasar.

¿Se siente honrado y valorado en España?

(Pensativo) Pues hay sitios donde sí y otros donde no tanto. Dicen que nadie es profeta en su tierra pero lo cierto es que Valencia se ha portado siempre muy bien conmigo y me han dado todos los reconocimientos posibles. Pero hay cosas con las que uno no puede estar contento del todo. Por ejemplo yo tengo alumnos que han sido ya Premio Nacional de Música. Y en cambio yo aún espero que me den ese reconocimiento algún día. Y es algo que no entiendo, francamente. Pero hay tantas cosas que no entiendo... Fui el primer catedrático de dirección de orquesta de este país en un conservatorio oficial; en enero de 1970 tomé posesión tras ganar la oposición. A partir de ese momento se podía estudiar dirección de orquesta en España, antes era imposible y había que salir fuera para estudiar.

Le contaré otra cosa, quizá anecdótica pero elocuente. Me pregunta si me siento reconocido y honrado en España. Verá, la última vez que dirigí a la Orquesta Nacional fue para reemplazar al maestro José Ramón Encinar a quien le había dado un infarto. Y me pidieron que mantuviera el mismo programa que tenía previsto. Tuve que estudiarme en dos días un programa complicado y exigente, con piezas que no conocía como el Concierto de violonchelo de Dutilleux, que es una partitura complejísima. Saqué a la Orquesta Nacional del atolladero en aquella ocasión, respetando el mismo programa que llevaba el maestro Encinar. Y a día de hoy no me han vuelto a llamar. Y es algo sorprendente, sobre todo cuando mi padre fue fundador de la Orquesta Nacional y cuando yo mismo la he dirigidido muchísimas veces, desde comienzos de los años sesenta nada menos. ¿Me siento reconocido? En algunas cosas sí y en otras, lógicamente, no.

"Saqué de un atolladero a la Orquesta Nacional y no me han vuelto a llamar"

¿Cuándo dirigió su primer concierto?

Fue a los dieciocho años y por una casualidad. Yo era el concertino de la orquesta. Entonces el director era Benito Lauret, a quien operaron de apendicitis, y me tuve que ocupar del concierto para que los músicos no dejasen de ganar un dinero que buena falta les hacía. En aquella ocasión vino al concierto mi maestro que era el director de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid, Victorino Echevarria, quien me dijo que yo tenia unas buenas condiciones para dirigir y que lo debía tomar en serio y dejar el violín. Yo no le hice caso al principio porque seguí con el violín. Yo gané todos los premios que hay en España para violín salvo uno, el Sarasate. De haberlo ganado en el año 57 hubiera sido la primera vez que un padre y un hijo tenían el Premio Sarasate. Ese caso se dio finalmente con mi hermano, que sí ganó el Premio Sarasate con apenas dieciséis años. Cuando yo no gané el Premio Sarasate me salió la vena baturra de mi madre y dije que hasta ahí, que ya no tocaba más el violín. Y empecé a dedicarme a la dirección de orquesta. Y como dice el refrán que no hay mal que por bien no venga, pues eso mismo me pasó a mí. La vena baturra que me salió terminó siendo mi salvación profesional, de alguna manera.

¿Cómo ha cambiado la vida musical en España? ¿Es optimista, pesimista? ¿El vaso medio lleno o medio vacío?

Se han hecho muchas cosas positivas en nuestro país. Yo recuerdo haber dirigido las orquestas municipales de Barcelona, Valencia o Sevilla y eran muy flojas. Nada que ver con las orquestas que hoy hay en España, casi todas al nivel europeo. Se ha evolucionado mucho y en los conservatorios hay cada vez mejores profesores. Hace muchos años no había músicos en España para surtir bien las orquestas, sobre todo músicos de cuerda que hubo que traer de fuera. En España siempre ha habido y habrá buenos músicos de viento, por la tradición de las bandas. Yo veo el vaso medio lleno en el sentido de que seguirá evolucionando aún más con el tiempo.

Usted participó en un programa de televisión, El mundo de la música, que buscaba acercar la clásica al gran público. ¿Se ha perdido esa batalla a día de hoy? Con el mundo digital y las redes sociales, ¿en qué ha mejorado o empeorado todo esto?

La evolución de las televisiones privadas y su competencia por las audiencias y la publicidad ha hecho que este tipo de formatos no tengan sentido, no interesan porque no tienen audiencia y no son rentables. Cuando yo lo hice, de 1976 a 1980, no había más televisión que la 1 y la 2. Todo el mundo veía esas cadenas. Yo actuaba los martes a las siete de la tarde, cuando los niños ya habían merendado y estaban en casa y teníamos mucha audiencia. Hoy en día este trabajo ya no se hace aunque sería la obligación de una televisión pública, que no tiene porque competir en formatos y programas con las televisiones privadas, aún más ahora que no tiene publicidad. Una televisión pública debe estar al servicio de fines educativos y culturales y eso hoy en día no es así. Los cuatro años que yo hice ese programa dieron muy buen resultado. Yo he tenido muchos alumnos que conocieron la música clásica ahí; incluso conozco músicos profesionales que pasaron de niños por el programa y a los que yo incluso regalé una batuta allí. Aunque esté mal decirlo, creo que hice un programa bastante ameno: los niños interactuaban con la orquesta, la dirigían, etc. 

Como maestro español, su trayectoria ha estado lógicamente ligada al género lírico español, a la zarzuela. ¿Goza ésta de buena salud? ¿Los esfuerzos por revitalizar y poner al día el género van por el buen camino?

La pena es que solamente hay un Teatro de la Zarzuela, donde se hacen las cosas con cierta dignidad y categoría, pero luego hay muchas compañías que son ciertamente tristes de ver, con puestas en escena muy precarias, poco ensayadas, con orquestas mínimas, muy mermadas y que no aportan nada digno al género. Afortunadamente queda una importante discografía de zarzuela, pero queda mucho por hacer para dignificar el género más allá del Teatro de la Zarzuela. Si yo fuera su director musical no pararía de reponer títulos clásicos, alternándolos como se hace en los teatros alemanes con el gran repertorio, en lugar de tener un mismo título durante tres o cuatro semanas. La gente quiere variedad, también los turistas que nos visitan y quieren conocer el género.

Hay un grave problema en España en torno a la compatibilidad entre docencia y actividad profesional que está comprometiendo el desarrollo de mucho músicos. Como docente y músico profesional que usted ha sido, ¿cómo ve esta cuestión?

Eso es una barbaridad. Yo tuve que dejar el conservatorio por la ley de incompatibilidades. Si ganaba más en la orquesta que en la docencia, no iba a dejar la orquesta ¿no? Así resulta que los artistas con más categoría no pueden ser profesores en el conservatorio. Cuando yo estudiaba en Alemania esto era lo más normal del mundo: los mejores músicos eran los mejores docentes. Ahora resulta que hay profeores de dirección de orquesta que han dirigido tres conciertos en su vida. Y lo mismo con los cantantes: hay maestros de canto que no han cantado en su vida en un escenario. Los que enseñan deben ser lo mejores tambiénen su actividad profesional.

¿Se fija con especial atención en algún director de nuestros días, ya sea español o extranjero? ¿Sigue con interés la trayectoria de alguno de ellos en particular?

Juanjo Mena es alumno mío, hizo toda la carrera conmigo en Madrid. Cervera Collado, ya fallecido, también fue alumno mío. Conozco poco a la nueva generación de directores de orquesta españoles, la verdad. A Heras-Casado le he visto dirigir y nos hemos saludado en una ocasión. A Ramón Tebar, por ejemplo, no le conozco ni le he visto dirigir pero sé que es un buen maestro por lo que me ha dicho mi hija, que es concertino en la Orquesta de Valencia donde él va a ser titular.

Se hablado y se sigue hablando mucho de la figura de Sergiu Celibidache. Sin embargo, creo que pocos han sido capaces de explicar en pocas y claras palabras, en qué consistía su método y qué tenía que ver en todo ello la fenomenología.

Un día mi padre me dijo que tenía que acercarme a los ensayos de la Orquesta Nacional porque tenían un director fantástico y tenía que verlo. Le hablo del año 1957 y mi padre me presentó al maestro Celibidache. Fui a todos los ensayos y al concierto y quedé impresionado de lo que hacía con la orquesta. Después me fui a Alemania a estudiar y vi que anunciaban un curso con Celibidache en Siena, en la Accademia Chigiana. Le hablo del verano de 1960. Hice todo lo posible por asistir a ese curso y en mis notas tengo apuntado, a los cuatro o cinco días de estar en Siena: "En cinco días he aprendido más que en dos años completos en Alemania". Esto le dice un poco lo que supuso para mí Celibidache. No sólo me enseñó a dirigir sino que me hizo ver la música desde otro punto completamente distinto. Cada maestro defiende a sus profesores, obviamente. El maestro Gómez Martínez, por ejemplo, alaba siempre a Swarowski y me parece estupendo. Pero son conceptos distintos de la dirección. Yo no digo que no se pueda dirigir bien sin la técnica de Celibidache. Como con los pianistas, se puede hacer música bien desde muchas técnicas aunque yo crea que la de Celibidache sea la mejor. Llevo enseñando desde 1964 y he sido catedrático en Madrid y también en Musikene. A mis alumnos les digo siempre que si encuentran algo mejor que lo que yo les enseño, porque les invito a ir a más cursos a conocer otras cosas, lo que tienen que hacer es llamarme y yo me voy con ellos a estudiarlo. Hasta ahora, a mis ochenta años, no me ha llamado nadie. 

Sobre Celibidache, mucha gente se ha quedado tan sólo con el último, el de los años antes de su muerte en 1986, cuando hizo cosas maravillosas pero quizá más extravagantes, no sé si por sus limitaciones físicas, porque tenía problemas en las piernas y las articulaciones. Yo hablaba con él con mucha confianza, comimos juntos muchas veces; y en aquellos años le decía: "Maestro, yo le he escuchado hacer esta obra de una manera completamente distinta a como usted la hacía hace veinte años. ¿Por qué?". Y él me decía: "Ahora necesito más tiempo y espacio para escuchar todo lo que hay en la música". Se le han criticado muchos esos tiempos lentos de los últimos años. Las sinfonías de Bruckner le duraban cuarenta minutos más que a los demás. Estoy de acuerdo en la lentitud de algunas interpretaciones, pero en otras no tanto. Hay una solidez sinfónica extraordinaria en todo lo que hizo Celilbidache. Él fue quien me abrió los ojos a entender la música de otra manera. Como Celibidache siempre decía que iba a escribir un libro sobre su técnica y no lo hizo, decidí hacerlo yo como un homenaje a su figura. La Fundación Celibidache de Bucarest está muy contenta con esto. La técnica de Celibidache no es fácil y no todos los que estudiaron con él saben o quieren hacerla. Tampoco todos los que estudian conmigo la ponen en práctica. Y obviamente cada maestro añade su personalidad. No se trata en ningún caso de imitar a Celibidache.

"Celibidache me abrió los ojos a entender la música de otra manera"

Usted estuvo durante más de 20 años al frente de la Orquesta de RTVE. ¿Cómo valora la actual situación que atraviesa la institución, con unos responsables ausentes y con la incertidumbre de no saber dónde se van a desarrollar sus conciertos, a un mes de que empiece la temporada?

Me parece una situación desconcertante. Yo dirijo el 19 y 20 de octubre la Orquesta de RTVE y nadie me ha contactado aún para decirme qué pasa y dónde voy a dirigir esos conciertos. Es cierto que el Monumental necesita una obra, la lleva necesitando muchos años. Se habla de varias alternativas pero nadie ha contactado conmigo de forma oficial. Parece que están de vacaciones. Yo no he querido llamarles. Miguel Ángel Gómez Martinez me envió un mensaje diciéndome que estaba contento con las obras pero no sé nada más. Yo he sido director titular de la Orquesta de RTVE en dos periodos de tiempo distintos. De hecho, con el maestro Gómez Martínez somos los únicos que hemos ocupado ese cargo en dos periodos distintos. Debo decirle que en realidad la Orquesta de RTVE no se concibió para tener público en el auditorio sino para retransmitir sus conciertos en televisión.

Sea como fuere, hay cierta sensación de improvisación en estos momentos.

Eso sí. Aunque se lleva años hablando de la necesidad de estas obras. En una ocasión llegó a caerse el techo incluso. Yo hubiera intentado que la Orquesta de RTVE se quedase en el Auditorio Nacional, lo mismo que hubo una época en la que en el Teatro Real acogía los conciertos de RTVE y la Orquesta Nacional. Si yo hubiera sido el director titular de la orquesta hubiera intentado eso por todos los medios. El Monumental tiene además otro problema: está en un barrio cada vez más degradado y hay mucha gente mayor a la que no le gustar ir por allí a ciertas horas, por la noche, etc. El parking que hay allí es también un desastre, es muy pequeño. Madrid tiene el suficiente público como para que siga teniendo sentido la actividad concertística de la Orquesta de RTVE. El Monumental nunca está lleno pero es por la poca idoneidad del sitio, al margen de su acústica, que es buena.

Por otro lado, debo decirle que yo nunca fui el único director de la Orquesta de RTVE. Quiero decir: estabamos Markevitch, Ros Marbá y yo al principio; luego Odón Alonso, Markevitch y yo; y finalmente Odón Alonso y yo. Pero siempre había una junta de programación. Los directores no teníamos funciones artísticas de un modo independiente, dependíamos de esa junta a la que perteneciamos. Yo me acuerdo de que quise hacer el Requiem de Duruflé y costó mucho convencer a la junta para ello. 

"Todavía no sé dónde voy a dirigir mis próximos conciertos con la Orquesta de RTVE"

¿Echa de menos dirigir ópera? Está usted en el Patronato del Palau de Les Arts, pero allí por ejemplo sólo ha dirigido zarzuelas.

Bueno, se me ha tenido allí por especialista en zarzuela y por eso no dirigí nada más que La bruja o La corte del faraón. Pero he dirigido mucha ópera, eh. En el año 67 gané el premio al mejor director de ópera en el Teatro de la Zarzuela por Werther con Alfredo Kraus. Un título que hice siete u ocho veces, lo mismo que la Norma con Caballé. Y he grabado discos con todos ellos, con Plácido, con Carreras, con Berganza, con todos... 

 

 

 

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