Nabucco_Napoles26_Luciano_Romano_1.jpg© Luciano Romano

Auctoritas

Nápoles. 18/01/2026. Teatro San Carlo. Verdi: Nabucco. Ludovic Tézier (Nabucco). Marina Rebeka (Abigaille). Michele Pertusi (Zaccaria). Piero Pretti (Ismaele) y otros. Riccardo Frizza, dirección musical. Andreas Homoki, dirección de escena.

Que la experiencia es un grado es algo que se demuestra contemplando la trayectoria de uno de los barítonos más notables del último cuarto de siglo, el francés Ludovic Tézier. Nacido en Marsella, en 1968, Tézier se ha impuesto como una de las voces más solventes del panorama lírico actual, con una carrera hondamente asentada desde su irrupción en la escena internacional, allá por el año 2000, dos años después de hacerse con el segundo premio en el concurso Operalia y tras su debut en la Ópera de París, en 1999. Desde entonces la voz de Tézier se ido paseando con fortuna por un repertorio amplísimo, desde Mozart a Wagner pasando por supuesto por Verdi, autor al que ha ido dedicando cada vez más tiempo en su agenda durante los últimos años.

En una entrevista mantenida con Ludovic Tézier, en diciembre de 2023, pregunté al cantante precisamente por el rol de Nabucco, el único de los grandes roles verdianos que faltaban en su repertorio: "Exacto, me falta Nabucco y quiero hacerlo ya -me decía Tézier-, no tardando mucho, aunque no ha habido aún conversaciones para hacerlo con ningún teatro, nadie me lo ha pedido, curiosamente. Es un personaje fabuloso, nuevamente otro padre verdiano, otro conflicto entre poder y familia… es Verdi en estado puro". Pues bien, la ocasión de debutar como Nabucco ha llegado finalmente, unos dos años después de aquella conversación, sobre las tablas del Teatro San Carlo de Nápoles.

El debut de Tézier como Nabucco no ha podido ser mejor, con un dominio absoluto del rol, sabiendo acompasar su instrumento a las páginas más heroícas del comienzo de la ópera, evolucionando después con el papel hacia un canto mucho más lírico y más dramático, especialmente en el sobresaliente dúo con Abigaille y en su gran escena 'Dio di Giuda'. Tézier se paseó por el rol con verdadera autoridad, haciendo gala de un fraseo noble y grandioso, sin ápice alguno de tensión vocal en la emisión. Un debut intachable, sumando así su Nabucco a otros grandes roles verdianos que figuran ya en su haber, como Rigoletto, Simon Boccanegra o Macbeth, amén de otrps roles donde ha brillado con luz propia, como Posa (Don Carlo), Don Carlo (La forza del destino) o Iago (Otello).

En una reciente entrevista, Marina Rebeka detallaba su visión del personaje de Abigaille, a su entender muy apegado aún al discurso belcantista, donde la soprano letona ha desarrollado de hecho buena parte de su trayectoria -acaba de debutar Lucrezia Borgia en Sevilla-. "Para mí tiene mucho más sentido abordar Abigaille desde la óptica de Rossini, Bellini o Donizetti que hacerlo desde el punto de vista del Verdi maduro, con el que tiene mucho menos que ver, en todos los términos", me confesaba Rebeka, citando además a Miriam Pirazzini como una referencia en la que mirarse a la hora de construir su interpretación del rol de Abigaille. Y lo cierto es que Rebeka hace suyo el papel con sus medios, que han ganado en consistencia y dramatismo, pero siempre dentro de una horma netamente belcantista, sin forzar las costuras, haciendo gala de una voz penetrante y bien domeñada en las páginas de mayor calado lírico, siempre precisa además en la coloratura. 

Dicho todo lo anterior, no obstante, quizá la mayor sorpresa de la velada fue el espléndido Zaccaria que brindó el veterano Michele Pertusi, con un instrumento en plena forma y con un dominio del estilo absolutamente admirable. El bajo parmesano mostró siempre una emisión precisa, sin forzar un ápice, resolviendo la exigente tesitura del rol sin esfuerzo y con un fraseo de la mejor escuela. Bravísimo. 

Del resto del elenco cabe destacar el Ismaele del tenor Piero Pretti, ideal por medios y timbre para este rol, corto pero comprometido. Cassandre Berthon, a la sazón esposa de Ludovic Tézier, cumplió con el rol de Fenena y Caterina Marchesini hizo lo propio en su breve intervención como Anna. Cumplidores asimismo Lorenzo Mazzucchelli como Il gran Sacerdote y Francesco Domenico Doto como Abdallo.

Encomiable labor en el foso del bresciano Riccardo Frizza, quien durante este temporada viene haciendo las veces de principal director invitado del Teatro San Carlo, en ausencia todavía de un maestro titular propiamente dicho. Frizza es un concertador experimentado, de probada solvencia, buen conocedor de los vericuetos belcantistas que tanto resuenan aún en este primer Verdi. Su dirección extrajo lo mejor de una discreta orquesta, con esmeradas intervenciones solistas, especialmente en las maderas, pero a la que faltó empaque sonoro, especialmente en unas cuerdas algo apagadas. Muy esmerado trabajo asimismo del coro del teatro, al margen de puntuales desajustes aquí y allá -especialmente en la escena con Ismaele-.

De la propuesta escénica de Andreas Homoki, abucheada por una parte del público presente en este estreno, ya habíamos dado cuenta en estas páginas, al hilo de las funciones de Nabucco que se ofrecieron en el Teatro Real, en julio de 2022. Procedente de la Ópera de Zúrich, al verla de nuevo se antoja una propuesta bastante plana y un tanto superficial, que apenas hace hincapié en el conflicto familiar que da pie al libreto. Por lo demás resulta una propuesta bastante aburrida y que deja, eso sí, bastante margen a la libre acción de intérpretes de la talla de Tézier, Rebeka o Pertusi, con sobra experiencia sobre las tablas.

Fotos: © Luciano Romano