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Culto a la lírica

Peralada. 17/07/2026. Festival Perelada. Iglesia del Carmen. Obras de Cilea, Puccini, Verdi, Leoncavallo, Gounod y Massenet. Ermonela Jaho, soprano. Benjamin Bernheim, tenor. Marcos Madrigal, piano.

El Festival Perelada se ha caracterizado siempre por un apasionado culto de las voces líricas. Ya fueran jóvenes talentos o estrellas consagradas, no ha habido edición de este festival -que ahora celebra su 40 aniversario- que no tuviera en su cartel a las voces más notables del momento. Como pistoletazo de salida a esta edición conmemorativa el festival ha reunido a la soprano Ermonela Jaho y al tenor Benjamin Bernheim. El programa se articulaba en torno a dos ejes bien definidos: una primera mitad consagrada a Puccini y a autores veristas como Cilea o Leoncavallo; y una segunda mitad volcada en el repertorio francés, con obras de Gounod y Massenet.

La velada se abrió con la intervención de la soprano albanesa, desgranando un par de canciones de Cilea antes de acometer una de sus especialidades, el célebre 'Io son l´umile ancella' de Adriana Lecouvreur. Jaho estuvo aquí magistral, administrando su instrumento a placer, con esa habilidad tan suya a la hora de recoger la voz y suspenderla en un hilo sutilísimo y sumamente expresivo.

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Tomó el testigo Benjamin Bernheim con un bloque enteramente dedicado a Puccini. Tras una primera canción (Mentia l´avviso), el tenor franco-suizo abordó dos páginas que señalan precisamente la senda por la que viene evolucionando su instrumento en los últimos años, ganando en consistencia y lirismo. Así, escuchamos primero 'Morire?' de La rondine, una partitura que volvería a aparecer al final de esta primera mitad del concierto, y una fantástica versión del celebérrimo 'E lucevan le stelle' de Cavaradossi en Tosca, fraseado por Bernheim con verdadera delectación.

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Ermonela Jaho acometió después 'Stridono lassù', la página de Nedda en Pagliacci de Leoncavallo. La expresidad de la soprano se ajustó como un guante a esta partitura, que requiere una inflexión bien medida entre el puro verismo y un cierto eco belcantista. A continuación escuchamos la página solista de Gabriele Adorno en Simon Boccanegra, un fragmento un tanto al margen del hilo conductor del programa que nos permitió no obstante disfrutar del excelente legato de Bernheim, especialmente en el segundo tramo de la romanza, 'Cielo, pietoso rendila', fraseado con clase.

Y como broche a esta primera mitad, dos páginas de La rondine de Puccini, un título que ambos cantantes interpretaron juntos en Zúrich en 2023. Después de una impecable y expresiva recreación de 'Che il bel sogno di Doretta', muy bien acentuada por Jaho, recreando nuevamente esos filati que son marca de la casa, tenor y soprano fundieron sus voces en una intensa versión de la escena 'Bevo al tuo fresco sorriso', del segundo acto de La rondine. Las voces de Jaho y Bernheim empastaron a la perfección en esta página, de tesitura exigente y de evocadoras melodías.

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Tras la pausa el concierto se reanudó con 'Ah! Lève-toi, soleil!' de Roméo et Juliette de Gounod, en la voz del tenor francés. Benjamin Bernheim se mostró superlativo en esta segunda mitad del programa, con un dominio absoluto y palpable de un repertorio que le es propio, por definición. Por dicción, articulación, naturalidad y fraseo su rendimiento en estas piezas fue sensacional. El tenor está en un momento de dulce madurez, con el instrumento en plena forma, dúctil en el centro y fácil en el tercio agudo.

Su 'Pourquoi me réveiller' del Werther de Massenet fue absolutamente magistral, desgranado con un fraseo sumamente contenido, lleno de pequeñas inflexiones a partir del texto y su sonoridad. Una auténtica delicia, coronada por un agudo pleno, firme y brillante. Qué gusto escuchar a un tenor en un momento tan pletórico. La de Bernheim es sin duda la voz de tenor más importante que ha dado Francia después de Roberto Alagna.

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Ermonela Jaho no se quedó atrás en esta segunda parte de la velada, primero con el 'Il est doux, il est bon' de Hérodiade de Massenet, página de un mayor dramatismo y donde se apreció quizá algún sonido más tenso en la franja aguda del instrumento de la albanesa, sobre todo cuando se lanzaba en forte a la parte más alta del pentagrama. Convenció mucho más su 'Allons! Il le faut... Adieu, notre petite table' de Manon, una página ideal para sus medios y su personalísima expresividad, jugando con el melodrama y la contención, en un tira y afloja realmente emotivo y muy bien respaldado en términos vocales.

Y como broche final al concierto uno de los grandes dúos de la ópera francesa, el célebre cuadro de Saint-Sulpice de Manon, comenzando con el 'Ah! Fuyez, douce image' del tenor -extraordinario aquí nuevamente Bernheim- y continuando después con el 'N'est-ce plus ma main que cette main presse?', esa bellísima recreación de su amor postrero que doblega a Des Grieux, entregado finalmente a los brazos de la protagonista. La entrega de Jaho y Bernheim fue aquí total, teatralizando además toda la escena en torno al altar de la Iglesia del Carmen. Un broche inmejorable a un programa intenso y de gran disfrute.

Es necesario dedicar unas líneas finales a la excelente prestación del pianista de origen cubano Marcos Madrigal, elegantísimo en su respaldo a los solistas. Su ejecucíón fue al mismo tiempo firme y discreta, brillando además en las intervenciones solistas que adornaban el programa, con dos piezas para piano solo de Francesco Cilea, en la primera mitad, y otro par de piezas de Massenet en el segundo tramo de la velada.

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Fotos: © Miquel González – Shooting