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Bomarzo Ginastera Daszak 

Espejismos morterianos

Madrid. 07/05/2017. Teatro Real. Ginastera: Bomarzo. John Daszak, Nicola Beller Carbone, Germán Olvera, Damián Del Castillo, James Creswell, Hilary Summers, Milijana Nikolic, Thomas Oliemans, Albert Casals y Francis Tojar. Dir. escena: Pierre Audi. Dir. musical: David Afkham.

Hace unas semanas coincidí con Joan Matabosch en un teatro europeo, días antes de presentarse la temporada 2017/2018. Le pedí un titular sobre dicha temporada: 'El 66% de los títulos son estrenos en el Teatro Real', me dijo. 'Eso es una morteriada', le repliqué. 'Alguna herencia me tenía que quedar de él...', remató entonces Matabosch. Y es que de tanto en tanto el Teatro Real parece habitado por el fantasma de Gerard Mortier, hasta el punto de que algunas de las propuestas que vemos sobre su escenario bien podrían llevar su firma. Mortier era un hombre de extremos: cuando acertaba, lo hacía de pleno; y cuando erraba, erraba también de lleno. Matabosch en cambio busca más bien el equilibrio, cosa complicada; prueba de ello es la próxima temporada, una buena amalgama de tradición y vanguardia.

Sea como fuere, la referencia a Mortier la traigo aquí para afirmar el espíritu más genuino que ha vivificado las ambiciones del Real en los últimos años, una pulsión experimental, una avidez y una curiosidad auténticas, con un sentido global y conjunto de la ópera, entendida como un espectáculo total. Eso mismo es lo que hemos visto con este Bomarzo, defendido por Matabosch con verdadera devoción. Y es que cincuenta años después de su estreno y cuarenta años después de su última representación en Europa, la que es a buen seguro la partitura más genuina de todo el catálogo del compositor argentino, ha llegado por fin al Teatro Real. Un retraso imperdonable pero justamente saldado con estas funciones.

Estructurada en quince cuadros de idéntica estructura interna, engarzados por interludios orquestales al modo del Wozzeck de Alban Berg, la partitura de Ginastera es fascinante de principio a fin. En ella, por momentos, se escuchan ecos de lo más granado de la producción operística del siglo XX, de Die Soldaten de Zimmermann a Die Gezeichneten de Schreker. Al hilo de su estreno en Washington en 1967, el crítico Rolf Gaska se refirió a Bomarzo como “Porno im Belcanto”. Un despropósito, habida cuenta del trasunto real de la obra, que lejos de ser una apología inmoral del desenfreno erótico, presenta más bien las miserias de Pier Francesco Orsini, un duque jorobado -como Rigoletto, dicho sea de paso, reverso bufón de este personaje cortesano- que parece incapaz de aceptarse a sí mismo. En la Argentina de los años sesenta el psicoanálisis imperaba casi como un credo y Bomarzo no deja de ser pues el extravagante retrato de una trágica neurosis transmutada en arte.

El reparto reunido para poner en pie estas funciones convence netamente, empezando por el protagonista, el tenor John Daszak a quien ya escuchamos hace un par de años protagonizando Muerte en Venecia de Benjamin Britten. Camaleónico en escena, con un instrumento resistente y dúctil al mismo tiempo, ofrece una verdadera creación de Vicino Orsini. Su trabajo con el texto es digno de elogio, con una dicción y una articulación casi impecables, lo que es mucho decir para un cantante de origen británico. Toda la función se sostiene sobre sus espaldas. Daszak demuestra resistencia vocal, compromiso escénico y una personalidad sumamente versátil.

Breve aunque central para el desarrollo de la acción, la parte de Julia Farnese encontró en Nicola Beller Carbone una encarnación ideal: seductora y magnética, su presencia elevó sin duda la temperatura de la representación. Completaban el cartel las voces jóvenes pero sólidas de Germán Olvera (Girolamo) y Damián Del Castillo (Maerbale); un James Creswell (Gian Corrado Orsini) de imponente presencia vocal y escénica; la contralto Hilary Summers (Diana Orsini) con un instrumento en horas bajas pero con un indudable temperamento; la seductora y casi pornográfica -aquí sí- Pantasilea de Milijana Nikolic; el intachable Silvio de Thomas Oliemans, y las buenas aunque breves intervenciones de Albert Casals (Nicolás Orsini) y Francis Tojar (Mensajero). 

Pierre Audi acierta con el tono y la óptica escogidas para poner en pie la obra, como sucediera ya en su día con Die Eroberung von Mexico, también en el Teatro Real (2013). De hecho ambos espectáculos parecen llevados por un pulso parejo, por una exploración común. También en aquella ocasión la iluminación de Urs Schönebaum, responsable asimismo de la escenografía en Bomarzo, jugaba un papel determinante. Audi convierte la sucesión de quince cuadros en una suerte de catálogo grotesco de imágenes, todas ellas de fuerte carga psicológica e indudable tensión, como en un caos ordenado que conduce irrefrenablemente al destino trágico de Orsini. Esa espiral delirante de flashbacks, ese jardín de Bomarzo, ese bosque de sombras monstruosas y espejismos sin fin, encuentra en la escenografía de Schönebaum un medio idóneo para expresarse con un tono renovado y atractivo. Aunque desiguales, las proyecciones de Jon Rafman resultan bien engarzadas en el discurso teatral que impulsa Pierre Audi, que va más allá de un conformado realismo, en una búsqueda psicológica netamente ligada al espíritu de la obra.

Hay quien sostiene que no hay orquesta mala sino directores mediocres. Esto precisamente es lo que ha demostrado David Afkham, el actual titular de la Orquesta Nacional de España, al frente aquí de la Orquesta Sinfónica de Madrid, haciéndola sonar en el foso muy por encima de sí misma en anteriores ocasiones, durante esta misma temporada. Casi novato en el foso, Afkham demuestra una vez más un talento precoz y con un recorrido extraordinario por delante. Hace unos días se hablaba de Pappano para Múnich, ¿por qué no Afkham, si es que la OCNE lo deja escapar? Su trabajo con Bomarzo es intachable: dominio absoluto de una complejidad tímbrica evidente, sentido del fraseo, teatralidad y poesía, buen equilibrio entre lo sofisticado y lo brutal. Sin duda de lo mejor que se ha escuchado en el foso del Real en la dos últimas temporadas. Impecable, por cierto, la labor de las voces de los Pequeños Cantores de la ORCAM; e intachables las intervenciones desde el foso del coro titular del Teatro Real.

* La ópera esta disponible en streaming en The Opera Platform, hasta el próximo 4 de junio.

 

 

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