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Winterreise en tercera persona

Madrid. 20/6/16. Teatro de la Zarzuela. XXII Ciclo de Lied. Schubert: Winterreise. Christian Gerhaher, barítono. Gerold Huber, piano.

No descubro nada si digo que Winterreise es una de las pruebas más exigentes para un cantante. Por su duración, unos 70 minutos sin pausa alguna; por su complejidad, veinticuatro canciones que nos enfrentan a (al menos) veinticuatro expresiones diferentes del dolor; por el desgaste emocional, el cantante se convierte en el intermediario entre Schubert-Müller y los oyentes en ese descenso a los infiernos. Por todo ello, vaya siempre mi respeto, mi admiración y mi gratitud para el cantante que se sube al escenario para interpretar esa obra aunque, como en el recital que comentamos aquí, la interpretación no fuera redonda. Y no fue redonda por tres motivos: algunos problemas en la voz, el distanciamiento y el planteamiento global.

Gerhaher empezó cantando con la voz fría, mal colocada, con dudas y constantes miradas a la partitura (sorprendente de nuevo, como en el recital de Jonas Kaufmann hace unos días: ¿un cantante de su talla con partitura en un recital?). Gute Nacht, un lied que habitualmente nos da las primeras pautas del enfoque del cantante, quedó desdibujado, y no tuvieron mucha más definición los siguientes lieder, con finales de frase en ocasiones inaudibles. Felizmente, la voz encontró su lugar y superado Erstarrung pudimos disfrutar de un sonido bonito y una dicción limpia y clara, especialmente en los lieder musicalmente más apacibles como Der Lindenbaum, Frühlingstraum, o Täuschung. Con esta evolución, los problemas iniciales hubieran tenido un peso relativo en una valoración global si no fuera porque Gerhaher anduvo escaso de la imprescindible expresividad; la belleza del sonido no basta para implicar a los oyentes, al menos a esta oyente.

Leía no hace mucho que la palabra más importante de Winterreise aparece ya en el primer verso: ich. Todo gira en torno al yo y queda a criterio de los músicos si la interpretación de ese yo es más contenida o más extrovertida; en cualquier caso puede ser una interpretación excelente. Gerhaher optó por una interpretación muy contenida, trabajando bien las dinámicas, pero faltaron color y flexibilidad en su voz. Esa escasez de colores fue en contra de su expresividad hasta el punto de que, por momentos, las impresiones llegaban de alguien que no era el caminante. Por más que las palabras insistieran en el yo, la primera persona se perdía porque la voz no conseguía matizar los sentimientos, reflejar las imágenes, y ese fue a mi parecer el mayor lastre de la interpretación: el oyente nunca debería quedar aislado. El caminante de Schubert rehúye la compañía, pero no puede evitar que nosotros estemos con él. Esa sensación de lejanía no fue constante; hubo frases muy bien perfiladas, como "In deine Decke grab'ich" en Auf dem Flusse, y canciones emotivas como Rast, donde la voz de Gerhaher transmitió el infinito cansancio del caminante, pero la sensación de distancia, de desconexión, planeó sobre la música durante demasiado tiempo.

Decía al principio que Winterreise era una obra muy exigente para los cantantes, pero no lo es menos para los pianistas. Gerold Huber ofreció una muy buena interpretación, aportando los matices y la expresividad que le faltaron a su compañero. De entre los muchos momentos en los que brilló, destacaría Der Lindenbaum, un lied al cual imprimió una angustia que contrastaba con la dulzura en la voz, como si ambos miembros del duo se hubieran repartido las lecturas; o Die Krähe, donde el piano sonó inquietante, reforzando la atmósfera de pesadilla que impregna (o puede impregnar) este lied. El piano sí nos contó el viaje en primera persona.

Mencionaba un tercer motivo que hizo que que el recital no fuera redondo, el planteamiento global. Esa  idea más inasible, a veces sólo un aroma, una impresión, que deja un Winterreise. Si algo caracteriza las obras maestras es la variedad de lecturas que nos ofrecen; en el caso de la música, una doble lectura, la de los intérpretes y la nuestra. Quienes cantan un Winterreise dirigen sus pasos (y los nuestros) por un camino que siempre es igual y siempre es diferente, ellos eligen los puntos de inflexión, qué imágenes son más dolorosas, qué frases más significativas, dónde se refugian en la nostalgia, dónde liberan su rabia, dónde la contienen... Seguramente todos los que atesoramos interpretaciones de este ciclo recordamos esa idea que conducía a tal o cual cantante: la ira, el amor, la resignación, la melancolía... El lunes eché de menos esa impresión global como no fuera, precisamente, una distancia deliberada, ese convertirse en una tercera persona renunciando al yo.

 

 

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