© E. Moreno Esquibel.

Calixto Bieito: "Lo que impacta en el arte es la verdad"

Tras más de 30 años de carrera, Calixto Bieito es, sin duda, el gran referente de la dirección escénica de nuestro país y todo un icono de los escenarios alrededor del mundo. Con un repertorio lírico de lo más ecléctico, regresa con su visión sobre Lear, de Aribert Reimann, al Teatro Real de Madrid, donde podrá disfrutarse a partir de este 26 de enero. Basada en una de las tragedias más conocidas de Shakespeare, el dramaturgo universal vertebra una conversación donde se habla de violencia, poesía, verdad, libertad y arte sobre los escenarios, para protagonizar nuestra primera edición impresa dedicada a un director o directora de escena.

Por comenzar en el contexto, ¿podría realizar algún balance personal de sus años al frente del Arriaga, donde nos encontramos?

Me siento muy cómodo. Un teatro es un pozo, por decirlo de alguna manera, que aunque esté lleno, hay que seguir rellenándolo. Siempre hay cosas por hacer y otras que se pueden mejorar. Muchísimas, pero me siento querido. Siento que tanto los profesionales como el público responden muy bien a todo lo que estamos haciendo. Yo diría que vivimos un buen momento.

Entiendo que, de alguna manera, público y director artístico del teatro ya se conocen perfectamente. ¿Se puede tener en cuenta a un público determinado a la hora de programar?

Es distinto a lo que yo haga de forma, digamos, personal. Los encargos que pueda recibir y realizar en cuanto a mis producciones. Siempre digo… y no lo digo como un gran titular, que yo no pienso en el público cuando trabajo en una pieza. Por la básica razón de que cada público es diferente.

Claro, ¿existe un público concreto acaso?

Exacto. Trabajo en tantos países diferentes… Acabo de llegar de Noruega y antes estaba en Francia… créame, son públicos distintos. Y de cada propuesta que hago, tengo ya la experiencia de que se acogen de manera diferente en cada ciudad. Hace muchos años que no pienso en el público, ya le digo. Eso sí, cuando trabajas en un teatro público y realizas una programación completa, hay que pensar que no lo hago yo solo, sino con todo el equipo que hay aquí. Una cosa son las producciones propias del Arriaga, que estamos produciendo más que nunca y otra es, además, los espectáculos que vienen de gira y externos, de los que se encarga el equipo de aquí, que lo hace muy bien.

Ya que el público no se escoge tanto, ¿cómo escoge Calixto Bieito las obras con las que trabaja? En la lírica se muestra, en principio, heterogéneo, desde el Lear de Reimann a la Poppea de Monteverdi, pasando por el Maometto de Rossini, por ejemplo.

Una obra ya creada no es una página en blanco. De hecho, normalmente, en la lírica, es una partitura que ha pasado ya por bastantes manos. Ha sufrido cambios y alteraciones; desde los editores que han cortado cosas a cantantes que han añadido notas o páginas. Los propios compositores, a veces, realizan varias versiones porque las primeras no terminan de convencerles. Es el caso del Maometto que menciona, por ejemplo. La primera no funcionó para nada y Rossini se fue a Venecia, metió más escenas de amor y tuvo el éxito que buscaba.

"UNA PARTITURA NO ES ALGO PURO"

¡Lo que le gusta a la gente un melodrama!

(Risas). Sí, está visto que sí. En cualquier caso, una partitura no es algo puro, digamos. A no ser que sea de nueva creación, como puede ser la Orgia de Hèctor Parra, por ejemplo. Siempre me guío, básicamente, por la música. Si la música no me gusta… es muy difícil poner en escena una música con la que no conectas. No lo he hecho nunca. Es imposible. Tengo un gusto bastante amplio, aunque tengo mis preferencias, obviamente. Es curioso, porque nunca pensé en hacer un Rossini, pero lo he acabado realizando porque es una ópera seria. He leído bastante sobre ella y el argumento de la primera versión es muy fuerte, realmente fuerte.

Por encaminarnos hacia Shakespeare, una de sus últimas producciones, que se ha podido ver en varias ciudades, ha sido Erresuma / Kingdom / Reino, que recogía dramas históricos shakesperianos, los “Ricardos” y los “Enriques”. Tuve la impresión que se servía de la narrativa de los personajes a la hora de contar la historia de estos reyes… ¿Entiendo que la subjetividad del recuerdo juega siempre a favor de la dirección de escena?

Bueno, en este caso me he sentido como siempre que dirijo, he de decir. En el primer shakespeare que hice tenía 25 años y lo hice en el Mercat de las flors, que es un espacio enorme para el Festival Grec. Yo era un niño… ¡Ahora no sé ni cómo me acuerdo de todo ello! Al año siguiente hice un goldoni y al siguiente otro shakespeare. Mi relación con él es de muchos años ya. He trabajado en la Royal Shakespeare Company, he hecho Hamlet en inglés, he hecho un montón de piezas suyas en inglés…

En Erresuma me sentía muy libre. Era como explicar un ciclo de familias en la absurdidad total. (Risas). “Tengo mucho dinero, pero voy a matar a mi primo a ver si tengo un poco más”. Así lo planteaba, con esa poética de la violencia. El espectáculo, creo, ha desconcertado a todo el mundo, pero no era mi intención. Mi intención era casi realizar una visión de realismo clínico, como diría Francis Bacon.

Había algo de emocionante en esa espiral de violencia que no cesaba…

Sí. Esa rueda de violencia que no tiene ningún sentido. Finalmente es algo que también sucede en Lear, gente que tiene de todo y se mata para tener más. Yo soy una persona nada violenta, no me gusta nada la violencia y vivo en un país neutral desde hace muchísimos años… pero la violencia está en todos sitios. Forma parte de la naturaleza humana.

¿Luego también puede haber una violencia que es denuncia, como la de Pasolini?

Él sí denuncia, pero yo no entiendo tanto la violencia de sus obras como denuncia, sino más bien como constatación. Es que duele, produce una tristeza muy grande ver las matanzas que estamos llevando a cabo en tantos sitios. Al final piensas si Nietzsche tenía razón con aquello de que la violencia es depurativa. En cualquier caso, sí, la violencia está dentro del ser humano y algunos optan por utilizarla. Es casi como las células o como las estrellas, que chocan entre ellas y se destruyen entre sí. El apocalipsis está en la misma célula.

¿Esa violencia de la realidad ha destruido un tanto el acuerdo tácito entre público y escenario, por el cual el primero es capaz de creer al segundo?

Sí, completamente. Por eso en Erresuma se confrontaban las escenas más filosóficas y profundas a otras que resultaban parecidas a un vodevil. Un vodevil estúpido. Y por eso a Ricardo III le hicimos como una buena persona.

Precisamente a él… “Mi reino por un caballo”, el déspota entre los déspotas.

Sí. Es que hoy por hoy los déspotas son muy violentos, pero no muestran esa cara.

De hecho, hay una escena que me gusta mucho en El rey Lear, donde el loco guía al ciego. Un ciego al que han sacado los ojos los burgueses y un loco que en realidad es fingido. Puede ser un reflejo estupendo de cómo supuestos locos del tipo Trump, Milei, Putin… guían a una sociedad a la que han privado de su visión…

(Sonríe). Esa escena es magistral.

"LEAR ES UNA OBRA MONUMENTAL, UNA CAPILLA SIXTINA"

¿Qué le atrajo de Lear en su momento?

Lear en sí me lleva atrayendo mucho tiempo. De hecho, monté hace muchos años un Lear con Josep Maria Pou que se vio por todos lados. Del de Reimann me atrajo su música y por supuesto el hecho de que se base en la obra de Shakespeare. Es que no tiene comparación posible. Lear es una obra monumental, es una capilla sixtina. Es difícil comparar, pero me atrevería a hablar de El Quijote

¿Dónde pone usted el foco entre todas las capas que se exponen en Lear? ¿Locura, egoísmo, ambición, vejez…?

Es que Lear es como una cebolla, como el propio Shakespeare dice en Hamlet. Has de ir quitando capa a capa. Tiene una parte muy importante de narcisismo, también de querer ser amado. La necesidad de destacar… es todo muy complejo. Hasta un punto, nos encontramos con un padre que se ha comportado como un déspota con sus propias hijas… no creo que haya sido un padre especialmente bueno… quizá, incluso, haya sido un maltratador. Es un hombre que apuesta por el todo, quiere realizar la apuesta más alta: os lo dejo todo, pero yo continúo siendo el jefe. De ahí el gran conflicto de todo lo que viene después: económico, entre padres e hijas, la verdad, la mentira, la decepción, la violencia… el cosmos… finalmente se trata del cosmos.

De hecho, ante la muerte de Cordelia, Lear hace referencia a ese cosmos (“¿Son de mármol vuestros corazones y de hierro vuestros ojos? ¡Si yo tuviese vuestras voces, rompería con mis gritos la bóveda celeste!”).

Sí, eso es. El cosmos es esa batalla entre todos ellos.

¿Desde 2004 cuando la puso en pie en el teatro o desde 2016 con la lírica de Reimann en la Opéra de Paris, su aproximación al Lear puede haber evolucionado de algún modo?

Claro, va cambiando. A veces pienso que la entiendo mejor y otras que no la comprendo tan bien como antes. En cualquier caso, va cambiando porque es una propuesta que se ha hecho en bastantes ocasiones. En París un par de veces, de hecho. Allí ha sido un éxito colosal y además ha estado en el Maggio Fiorentino, donde asistí a los ensayos. Siempre veo cosas nuevas, cosas diferentes. En Madrid está bien porque es un cast muy parecido, prácticamente el mismo.

Es curioso porque Dietrich Fischer-Dieskau, que fue el germen de esta ópera, no tuvo a Reimann como primera opción, pensó antes en Britten… y a su vez Reimann dudó durante años si musicar Lear… ¿acercarse a un clásico requiere de una precaución mayor?

Es que es una obra muy compleja, no es sólo por tratarse de un clásico. Parece simple, pero ahí está la dificultad. Habla de la familia, de las relaciones viciadas y de los venenos que nos pasamos entre unos y otros. De las ambiciones frustradas, de la envidia… va a sitios profundamente humanos… y lo humano puede ser hermoso y puede ser terrorífico.

¿Lo humano es lo que convierte a un clásico en clásico? ¿O qué filtro cree usted que transforma una obra en un clásico?

Una obra se convierte primero en arte y este se convierte en cultura cuando una sociedad lo acepta como parte de sí misma. En este caso, la británica. Se convierte en un clásico cuando, digamos, la sociedad en general, de cualquier parte del mundo, la toma como tal, puede sentirse identificada con ella. Como sucede con El Quijote

¿Calixto Bieito recibe bien una etiqueta como “clásico”? Hay puestas en escena suyas, como puede ser Carmen, que también se ha visto en el Teatro Real, que ha sido aceptada por el público de todo el mundo…

Es que Carmen la hice… (Ríe)… ¡Hace como 25 años! ¡Se ha hecho en tantos sitios, sí…! Me gustaría volver a ella en algún momento. No es que quiera cambiarla ni reencontrarme conmigo mismo, pero me gustaría descubrir cosas nuevas a través de ella. Me gusta ver cómo diferentes cantantes hacen cosas distintas con los mismos personajes. Eso es apasionante. Lo viví en Viena, en París… ves cómo sigue estando de absoluta actualidad. Cuando la hice por primera vez, yo ya dije que se trataba de una obra que muestra un crimen pasional. Aquí hay una clara violencia de género.

Me contaba el compositor Hèctor Parra, con quien usted ha trabajado para poner en escena la ópera Orgia, que usted sitúa a los cantantes ante el precipicio de sí mismos, de su propia libertad creativa.

(Sonríe) ¡Jugamos! ¡Jugamos al tenis!

¿Cómo se trabaja sobre la libertad?

Con confianza y sin miedo. Confianza en el otro. Hoy en día hay cantantes que actúan mucho mejor que algunos actores. Busco la complicidad sin necesidad de hablar mucho.

¿Y eso es fácil?

No lo sé. Bueno, yo me lo paso muy bien. En los ensayos, de hecho, es cuando mejor me lo paso. Es sobre todo un intercambio artístico y… ¿qué es lo artístico? Lo artístico para mí es el mundo interior de las personas, los sueños, las fantasías, la imaginación… Lo artístico son los bisontes enormes de las cuevas rupestres… Aquella visión deformada, la subjetividad… todo ello procede del interior, de los sueños, del pensamiento de cada uno. Como dice el propio Shakespeare, ser libre. Para conseguir todo ello necesitas una buena atmósfera. No buenismo, no hablo de eso. Necesitas generosidad y disciplina a partes iguales. Confianza. Y libertad.

"MUCHA GENTE ME ASOCIA SIMPLEMENTE CON VIOLENCIA Y SEXO... PERO PENSAR ESO ES MUY BARATO"

A la contra, ¿hay alguna línea roja para Calixto Bieito a la hora de trabajar en un sentido amplio?

Claro, hay obras que no es que no lleguen a decirme nada, sino que yo no me veo capaz de hacerlas. Soy bastante ecléctico, puedo hacer cosas muy diferentes. Mucha gente me asocia simplemente con violencia y sexo… pero pensar eso es muy barato, no tiene ningún sentido. Yo soy muchas cosas. Ahora acabo de hacer el Elijah de Mendelssohn en Viena, por ejemplo, o La Pasión según San Juan en París. Hago cosas que tocan otras texturas, otras vertientes de la gente y de mi carácter. Las personas no somos sólo de una manera.

Aun así, hay cosas que, creo, yo no sabría hacerlas, que no quedarían bien en mis manos. Por ejemplo un Rossini cómico como El barbero de Sevilla. Técnicamente sí que sabría, claro, pero no sabría qué podría aportarle que fuera interesante. Hay muchas cosas que no puedo hacer. Es normal.

Menciona la Pasión… El Lear tiene esa parte de Pietà final con Cordelia recogiendo a su padre. También él mismo dividiendo el reino como Cristo al partir el pan… Me resulta curioso ver este reflejo de la Pasión de Cristo, quizá, también en la Orgia de Pasolini, con ese hombre contando su verdad y sacrificándose - a su manera - por el resto antes de morir…

Supongo que puede ser así, sí. También como autorretrato de Pasolini. Creo que él vivió momentos muy autodestructivos. Es algo derivado de la cultura católica. En el Lear, tengo que decirle, utilicé la imagen de la Pietà más como un recurso estético que otra cosa. Para mí era más simple. Dibujar, construir una imagen como de Miguel Ángel. No lo hice con toda esa carga que usted menciona… no asociaba a Lear ni con Jesús ni con un profeta.

Bueno, podría recibirse desde el público como una Pietà como tantas otras que tienen lugar en tantos hogares…

Sí, podría ser, pero simplemente lo utilicé como algo estético. No me gusta nada decirle al público lo que tiene que pensar, porque ni yo mismo lo tengo tan claro a veces. Hubo una época en Berlín que decían de mí que era el director más político del momento… Cosas así… Y yo no lo comprendía, porque no entiendo nada de política.

Pero todo está entrelazado con todo, quizá.

Sí, creo que sí. Lo que ves lo pones en escena… e igual sí. A veces no sabes exactamente por qué, pero hay cosas que pones en escena… y funcionan. Ves que fluye, que la obra fluye. Lo importante y lo bueno en los ensayos es dejarse llevar como el agua, fluir.

Ya que menciona la política, tengo curiosidad… usted coincidió con Bergman y ha trabajado los textos de Pasolini… ¿comparte la visión de este sobre el sueco, sobre que era una burgués del cine? O en cualquier caso, ¿cómo trabaja sobre Pasolini con su marcada tendencia política?

A mí me interesa mucho el Pasolini de la Pasión, el que es expulsado del Partido Comunista… Me interesa mucho el Pasolini libre en su mente, con todas sus torturas y tormentos, pero intentando ser libre. Supongo que a veces, por llevar la contraria, cometes alguna tontería, pero como dice el gran Wilder, nadie es perfecto. Hay algo profético en Pasolini. Tiene algo de profeta en el sentido de que va más allá de muchas cosas y de que expone su cuerpo. Tiene algo de autodestrucción y todo ello es lo que me interesa de él. Lo humano. Lo político podríamos estar de acuerdo en muchas cosas, seguramente, pero Pasolini trasciende el estándar de la política. No creo que fuese un comunista al uso siquiera. Tenía algo más que ver con una anarquía mental total. Expresarse con total libertad. Era alguien que reconocía muy bien las miserias del ser humano, sus bajezas y sus instintos al mismo tiempo.

Yo vi su película Salò muy joven, era menor de edad, pero en aquel momento, que era un momento de apertura, en los cines de España nos dejaban entrar. Me quedé… no sabría explicarle. Me quedé preguntándome si eso era el mundo. No sé…

"NO ME GUSTA NADA DECIRLE AL PÚBLICO LO QUE TIENE QUE PENSAR"

Volviendo al teatro, su Lear es un espacio escenográfico bastante desnudo y a menudo sus propuestas son espacios abiertos, instalativos… ¿son una puerta abierta a la imaginación del público?

Justo. Es que no me gusta el cartón-piedra.

Lo que se hace hoy en día en el teatro, las versiones… ¿han de ser presente para ser teatro?

No, no hace falta. Todo depende de la verdad que se transmita. Al final, lo que impacta en el arte es la verdad, la autenticidad. Cuando un niño como yo ve los bisontes en las cuevas de Altamira… esa noche no puede dormir. O cuando un adolescente como yo ve los cuadros de Rubens y los encuentra extremadamente eróticos… todo ello tiene una autenticidad.

Yo no sé qué debe ser el arte. A veces se han publicado declaraciones mías en algunos medios muy exageradas… no pasa nada, pero están equivocadas. A veces tengo la sensación de que no soy siquiera un artista. Es algo que me estoy replanteando continuamente. El arte no es exactamente cultura…

El paso previo…

Es que hasta que una sociedad no lo acepta… Yo no puedo decirle a usted: “mire, estoy haciendo cultura”, no (Risas). Yo creo que Van Gogh se murió pensando que no había hecho carrera y que no pertenecía a la cultura… ¡Y mire ahora! Y le digo él que es muy obvio, pero tantas personas, tantos artistas que no han llegado a pertenecer a la cultura…

Pero, en esa reflexión, si Calixto Bieito no es artista, ¿qué es?

No, no, no… pero eso ya son cosas más íntimas mías. Dejémoslo ahí. ¡Pienso demasiado! (Risas). Lo artístico, ya se lo he dicho, es cuando fluye la imaginación, los sueños, aquello que pensabas que no sería posible, pero un cantante o un actor te lo propone… y yo lo veo porque ellos están jugando. Le decía lo del tenis porque yo juego al tenis. Cuando no piensas y le estás dando a la pelota, muy fuerte, sin pensar, con la concentración sólo en la bola, estás al límite. Es la misma sensación, sólo tú frente al otro. Es algo que se consigue muchas veces con actores y cantantes. Es una sensación formidable.

¿El hecho musical resulta parecido al hecho teatral?

Por lo general los actores necesitan encontrar la música del texto y por ello tienden a hablar más. El problema es que las palabras pueden ser algo muy activo, pero también tremendos muros. Por eso nunca doy indicaciones de cómo son los personajes según empiezo a trabajar con un cantante o un actor. No digo nada. Las explicaciones vienen después, porque al final, en la vida nosotros nos identificamos como personas por lo que hemos ido haciendo en diferentes situaciones, no por cómo nos hemos propuesto ser. Tus reacciones a lo largo del tiempo conforman un comportamiento y eso… eso es un personaje.

"LO DE QUE CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR... NO ME GUSTA"

Volviendo al Teatro Real para cerrar esta entrevista, cuando presentó allí su propuesta sobre Die Soldaten, comentaba que confiaba en la llegada de un nuevo humanismo para arreglar este mundo en el que vivimos. Seis, siete años después, ¿ha perdido ya la esperanza?

A ver, no soy una persona súper optimista, pero quizá las cosas necesitan sus ciclos. Obviamente hay una parte hermosa en lo humano… y hay una parte (piensa)… aniquiladora. Deseo fervientemente que llegue un nuevo humanismo. No sé cómo va a ser, quizá tecnológico, que ayude a las personas a tratar los grandes problemas de la humanidad que hay ahora. Y sobre todo, aunque quizá resulte demasiado ambicioso, un humanismo donde haya más libertad, también artística. Donde no haya miedo a decir según qué cosas. La libertad en el arte es importante. Los límites han de ser sólo los que uno se imponga.

Me surge, pues, una pregunta. ¿Está de acuerdo con lo que a veces se dice hoy en día, de que hay menos libertad que antes?

Creo que ahora hay un cambio, supongo; no soy sociólogo. Vivimos en la era digital o como quieran llamarle. Una era diferente a la que hemos de adaptarnos teniendo las mismas emociones. Hay cambios en los hábitos, no obstante. En el comportamiento de las relaciones en Europa. No sé si es algo mejor o peor. A mí lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor… no me gusta. Lo que es importante es que las personas tengan capacidad de análisis, de no cerrarse o negarse por negarse. Primero me informo y después decido.

No sé si es mucho pedir… volvemos al loco guiando al ciego de Lear

(Sonríe). Eso es lo que debemos proteger: el poder dar una educación a las personas y especialmente a la gente joven. Tener la capacidad de comprender y poder decidir.