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Leah Crocetto, soprano: "Es una vergüenza que las curvas de un cantante importen más que su voz"

La soprano estadounidense Leah Crocetto (1980, Michigan) firma hoy su debut en España con el Requiem de Verdi que abre la programación clásica del Festival de Peralada. Con su imponente voz de lírico spinto, Crocetto forma parte de una espléndida generación de cantantes norteamericanos. Si bien su trayectoria en Europa está aún por llegar, se ha hecho ya un hueco no obstante en los escenarios estadounidenses, con un exigente repertorio que incluye papeles icónicos como Aida, Tosca o Turandot. Conversamos con ella acerca de sus experiencias en el mundo de la lírica y sus planes más inmediatos, que incluyen su debut como Norma.

Me gustaría saber más acerca de sus inicios y sus orígenes.

Comencé cantando siendo apenas una niña. Mis comienzos fueron en el jazz y el teatro musical en el tiempo que pasé en Nueva York durante mi infancia. Mis orígenes están en una gran familia de ascendencia italo-americana; siempre se escuchaba música en casa, gente cantando, etc. Con apenas cuatro años recuerdo que me gustaba imitar a Pavarotti (risas).

Eso suena muy divertido (risas).

Sí, cantaba Nessun dorma por el pasillo, correteando de aquí para allá. Mi padre era un gran aficionado a la música, no solo a la clásica. En casa pude escuchar, desde niña, las  voces de Pavarotti y Domingo pero también las de Bob Dylan, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Tony Benet… Tuve una infancia muy rica, musicalmente hablando. Mis padres son músicos: mi padre toca la guitarra y canta; y mi madre toca el piano, el clarinete y canta. Somos cuatro hermanas y las cuatro cantamos, aunque no sea de forma profesional; pero todo el mundo en mi familia ama la música.

¿Y cuándo decidió dedicarse al canto de forma profesional?

Creo que fue al hilo de ver mi primera ópera, con once o doce años. Fue Carmen, lo recuerdo bien, y me produjo un impacto tremendo. Justo después vi una función de Tosca y eso cambió mi vida. ¡Yo quería ser esa diva! (risas). En serio, deseaba con todas mis fuerzas convertirme en esa soprano; sentí una vocación por el canto y la ópera que nunca antes había percibido.

¿Con quién ha estudiado, quién ha sido su maestro de canto de referencia?

Mis maestro de canto, desde los dieciocho años, ha sido el tenor Arnold Rawls, en el Moody Bible Institute de Chicago. Tengo sin embargo una titulación en arte dramático, no en canto.

Esto es muy interesante. Seguramente le permitirá tener un enfoque muy distinto sobre su trabajo.

Sí, es algo muy distinto de lo que sucede con casi todos mis colegas de profesión. Es un punto de vista muy particular: cada vez que abro una partitura tiendo a leerla como si fuese un libreto, intentando que el personaje que hay detrás tome forma a partir el texto y la música.

 

¿Cómo definiría su voz? Su repertorio es muy amplio, desde Puccini a Verdi pasando por Bellini o Rossini. ¿Soprano dramática, lírica, spinto… o no le interesan esas etiquetas?

Siempre es difícil para un cantante hablar de su voz. Y aún más clasificarla o etiquetarla. Intento limitarme a cantar aquellas partes que creo que van bien a mi instrumento. Pero en todo caso creo que mi voz se acerca bastante a lo que llamaríamos una soprano lírico spinto, pero con flexibilidad para cantar coloratura, que es algo que me gusta mucho. Es cierto que cuando canto Rossini son partes de su repertorio serio, que siempre tiene un acento más dramático.

¿Cuándo fue su debut oficial?

Mi debut en Europa fue en Burdeos, con Leonora en Il trovatore. Y esa misma temporada, la 2010/2011, hice Liu de Turandot en San Francisco. Así que voy a cumplir pronto una década de carrera en activo.

¿Y cómo ve las cosas con esa perspectiva, ha ido todo como planeaba?

Ha ido bastante rápido, sí. Es cierto que mi carrera ha estado centrada sobre todo en Estados Unidos, más allá de algunas actuaciones en Burdeos y en Frankfurt; también en La Fenice y en la Arena de Verona. Mi carrera en Europa está todavía por hacer, en este sentido. Mi repertorio ha crecido bastante rápido y he conseguido llegar a unos cuantos teatros importantes en este tiempo. Estoy deseando volver pronto a Europa y en concreto a España, donde debuto ahora y donde me estoy encontrando muy bien.

¿Tiene planes para volver a Europa?

Sí, todavía no puedo contarlos pero estaré pronto de vuelta, también en España.

Durante los próximos meses, en octubre en concreto, tiene previsto debutar Norma

Sí, me emociona mucho este debut. Precisamente ahora estoy estudiando la parte a fondo. Es un rol icónico que toda soprano desea cantar en algún momento. Mi debut será en Carolina del Norte, en versión concierto. Y si todo va bien después tengo previsto cantarla, escenificada, en dos importantes escenarios más.

Se diría que está sumando todos los roles icónicos para soprano del repertorio: tras Aida, Tosca y Turandot viene ahora Norma.

Sí, exacto (risas). Es un regalo poder interpretar todos esos grandes papeles. Como soprano spinto es fantástico tener la oportunidad de acercarse a un repertorio tan amplio y tan importante. Yo crecí escuchando a las más grandes en estos papeles y poderlos cantar ahora es un sueño hecho realidad.

Creo que también tiene en agenda su debut en el Carnegie Hall de Nueva York.

Sí, el 8 de noviembre con mi pianista Mark Markham, con piezas de Respighi, Poulenc y Rachmaninov, entre otros; y un ciclo de canciones escrito para mí por Gregory Peebles. Tengo muchas ganas de presentarme ante el púbico neyorquino. Me gusta mucho el formato recital, es algo muy conectado con mis raíces en el cabaret y el jazz. Creo que en solitario junto a un piano es como mejor se conoce a un artista; es el formato que mejor permite comunicar con la audiencia a un nivel íntimo.

También suele interpretar partes vocales en repertorio sinfónico, como este Requiem de Verdi de Peralada. En su agenda por venir destaca también su primera Octava de Mahler, con Gustavo Dudamel.

Estoy deseando que llegue ese momento, sí. Me gusta mucho Mahler y no he tenido demasiadas ocasiones de cantar obras suyas: hice apenas algunas canciones y la Segunda sinfonía. Esta será mi primera vez con la Octava, con la Filarmónica de Los Ángeles y Gustavo Dudamel, junto a un fantástico elenco. Voy a disfrutar mucho de esa experiencia, estoy segura.

Pertenece a una fantástica generación de cantantes norteamericanos. Pienso en Angela Meade, Jamie Barton o Michael Fabiano, entre otros. ¿Cree que hay una razón para que se haya dado esta coincidencia generacional o es mera casualidad?

Es una generación fantástica, sí. Creo que la razón que lo explica, si es que lo hay, es que nuestros padres apoyaron nuestra vocación de manera incondicional. Hay toda una ética del trabajo en América detrás de muchas carreras profesionales en las artes escénicas. Afortunadamente hay familias enteras muy conscientes del esfuerzo que esto supone, apoyando a sus hijos par lograr sus sueños. Una parte fundamental para todo esto es tener la oportunidad de estudiar otros idiomas, algo que muy pocos estadounidenses se toma realmente en serio pero es sin embargo un instrumento fundamental para hacer una carrera en la lírica. La gente de otros países habla inglés, pero nosotros no solemos preocuparnos de conocer sus lenguas y esto es un gran error. Como cantantes norteamericanos, en mi generación, hemos sido conscientes de lo importante que era estar bien preparados a este y a todos los niveles si queríamos hacer una carrera fuera e nuestro país.

Me gustaría saber su opinión sobre el impacto en la música clásico del movimiento “me too”.

Esta es la pregunta difícil… (Risas). Lo cierto es que el movimiento “me too" ha tenido un enorme impacto en Estados Unidos, primero, y a nivel mundial después. El testimonio de tantas celebridades del cine, singularmente, ha tenido un eco tremendo y ha generado una visibilidad muy importante en torno a esta cuestión. En el mundo de la clásica no ha sido tan visible, quizá; y eso probablemente indica que sigue habiendo demasiados abusos de poder, demasiado sexismo y aún mucho miedo para denunciarlo públicamente. Hace falta que nuestra industria muestre mucho más respeto y afiance sus principios.

Otros colegas suyos me han hablado a veces d sus dificultades para conseguir un contrato concreto, en tal o cual teatro, a causa de las preferencias estéticas del director de escena de turno. ¿Le ha pasado a usted también?

Por supuesto. En más de una ocasión me han pedido cantar un papel porque entendían que mi voz era la adecuada para ello; pero después han querido verme en persona, a lo que me he negado por sistema. Como cantante y como intérprete tengo la capacidad de transformarme y meterme en la piel del personaje que interpreto, ese es precisamente mi trabajo. Fuera de nuestro oficio hay un movimiento creciente de jóvenes mujeres que reclaman sentirse felices y orgullosas con su cuerpo, sea cual sea, se ajuste o no a los cánones de moda. Soy una mujer con curvas y soy consciente de que ese no es el físico más atractivo para muchos, pero sí lo es en cambio para otros. No estoy aquí para gustar a todo el mundo, pero sí me gustaría sentir que todo el mundo me respeta como soy. Me encantaría que el mundo de la ópera tomase esta misma senda y dejase a un lado cualquier consideración sobre el físico de los cantantes. Es una vergüenza que las curvas de un cantante importen más que su voz. Yo me cuido, sigo mi dieta, me muevo… llevo una vida saludable y tengo el cuerpo que tengo. Me esfuerzo cada día en ser la mejor persona posible, mental, espiritual y físicamente hablando. Y no pretendo gustarle a todo el mundo, pero sí me gustaría que en nuestra industria no se prejuzgase a un intérprete por su físico.

Estoy completamente de acuerdo con usted y por desgracia me temo que hay muchos prejuicios aún por desmontar en el mundo de la lírica. Volviendo en todo caso a su agenda, priman en ella las óperas de Verdi y Puccini. ¿No le tientan otros repertorios?

Sabe, siempre he pensado en adentrarme en la ópera francesa y ópera alemana. Pero ahora mismo me siento tan cómoda con el repertorio italiano, siento que mi voz se ajusta a él de un modo tan natural… que no tengo prisa por adentrarme aún en otros repertorios. Lo que sí me gustaría, algún día no muy lejano, es hacer la versión francesa de Don Carlo. Ojalá algún teatro encuentre presupuesto para montar la versión en cinco actos y cuente conmigo (risas).

 

 

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