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Idomeneo TeatroReal19 JavierdelReal

 

Un Mozart naíf

Madrid. 19702/2019. Teatro Real. Mozart: Idomeneo. Eric Cutler, Eleonora Buratto, Anett Fritsch, David Portillo, Benjamin Hulett, Oiver Johnston y Alexander Tsymbalyuk. Dir. de escena: Robert Carsen. Dir. musical: Ivor Bolton.

Como bien apunta Joan Matabosch en su texto en el programa de mano, con Idomeneo quiso Mozart "fusionar en un nuevo modelo híbrido la flexibilidad de la tragédie lyrique francesa y el lirismo de la opera seria italiana". El resutado es una obra singular y más o menos extensa, en la que perviven esquemas demasiado circulares, para una acción que avanza de manera desigual, llevada eso sí por una música inspiradísima. Sirvan estas líneas para situar el problema de partida: no es fácil escenificar Idomeneo de manera convincente, yendo más allá de la pura literalidad y el realismo más clásico. Ahora bien, cuando una nueva coproducción implica a teatros como los de Madrid, Toronto, Roma y Copenhague, con un director de escena como Robert Carsen, ciertamente cabía esperar mucho más de lo visto anoche sobre las tablas del Teatro Real. El último cuadro resumía bien la sensación general, con ese lieto fine reducido a un planteamiento casi ridículo: hecha la paz, tiremos las armas, despojémonos de los uniformes militares y fundámonos en un abrazo colectivo. Un happy end risible. Triunfa el amor donde antes solo había armas. ¿Acaso podría ser más naíf? 

La propuesta de Robert Carsen fue sonoramente abucheada ayer en la función de estreno. No entiendo ni comparto el abucheo, francamente. Me hubiera gustado que procediera al menos de un público herido en su inteligencia y no ofendido en su moralidad, como parece que fue el caso. Lo cierto es que Carsen dibuja un enfoque muy tibio, casi superficial, superfluo al menos, de escaso calado dramático. Pasamos de Creta a un escenario contemporáneo indeterminado, donde se entremezclan imágenes de refugiados y migrantes, con Sidon asemejada aquí a las ruinas de la actual Siria, sin ir más lejos. Pero es que no basta con superponer una foto de unas ruinas de hoy sobre un libreto de antaño. Es preciso hilar más fino y más hondo -véase lo que ha hecho Tcherniakov en París con Les troyens-; y Carsen no lo hace, se queda en la superficie, con un trabajo que resulta, ya lo he dicho antes, naíf y un tanto oportunista, incluso previsible. Carsen, en suma, en la cima de su trayectoria profesional, tropieza con Idomeneo, antojándose a menudo despistado con una partitura y un libreto que le sobrepasan. Su intento por hacer de esta obra un manifiesto pacifista no pasa de ser un gesto ingenuo y demasiado fácil, con la referencia a la tragedia de miles de migrantes en las costas del Mediterráneo como excusa.

Afortunadamente el foso estaba ahí para redimirlo todo. Y es que el Mozart de Ivor Bolton es fantástico. Lo tiene todo: luminosidad, dinamismo, trasparencia... Es al mismo tiempo lirico y vibrante; logra Bolton acompasar la teatralidad, bien pegada al libreto y a la escena, con una continuidad y fluidez genuinas, alcanzadas sin artificio. A sus órdenes, una vez más -y ya van tres, tras Turandot y Das Rheingold- la Orquesta Sinfónica de Madrid sonó francamente bien, confirmando una evolución muy estimable. Lo mismo cabe decir del coro titular del teatro, esmerado en su labor escénica y vocalmente descollante, demasiado incluso por momentos, en instantes donde no hace falta tanto ímpetu.

El reparto congregado para este primer reparto tuvo la virtud de ser homogéneo, que no es poco. Eric Culter fue un discreto aunque digno protagonista. No termina de manejarse con destreza con las páginas más ágiles de la partitura y tampoco su fraseo es de primera, pero resuelve la parte con aparente solvencia. Quizá la actuación más redonda de la noche fue la Elettra de Eleonora Buratto, en su debut con este rol. Voz amplia y esmaltada, de genuina escuela italiana en su emisión y su control, cantó con indudables arrestos su escena final, habiendo dado buena prueba anteriormente de sus destrezas para el lirismo. Sin duda atraviesa Buratto un momento dulce y determinante para la evolución de su repertorio.

Anett Fritsch convenció también como Ilia en sus intervenciones más líricas, con un buen dominio el estilo mozartiano, aunque sin mostrarse igualmente resuelta en los recitativos. Muy notable el Idamante de David Portillo, a quien había escuchado ya el pasado verano en Múnich, precisamente junto a Ivor Bolton en Orlando Paladino. Voz de emisión flexible, cantante estiloso, actor versatil... Sin duda un cantante a seguir de cerca. Y muy atinados, en fin, el resto de voces escogidas para cerrar el cartel: Benjamin Hulett (Arbace), Oiver Johnston (Gran sacerdote de Neptuno) y Alexander Tsymbalyuk (La voz).

 

 

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