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Miguel Ángel Acebo: "Algunas fronteras están más en nuestra mente que en la realidad misma"

El próximo 11 de febrero, en la sede de SGAE, el pianista Miguel Ángel Acebo presentará su nuevo disco, Scriabin Notebook, editado por el sello IBS y en el que la música de Scriabin se da la mano con las creaciones de cuatro autores españoles contemporáneos. Conversamos con el intérprete para conocer con más detalle su trayectoria y los pormenores de este proyecto discográfico.

Me gustaría comenzar preguntándole por la idea que articula este disco, en el que la música de Scriabin se da la mano con obras de autores españoles contemporáneos como Jesús Torres o José María Sánchez-Verdú. ¿Cuáles son los lazos estéticos y resonancias que vinculan la obra de Scriabin con la de estos cuatro autores españoles, entre los que se encuentran también José Manuel López López y Francisco Domínguez?

No son compositores vinculados estéticamente de forma directa. Esa es una de las cosas que me interesaba: demostrar cómo se funden todos los lenguajes que, sin tener relación aparente, se coordinan de forma bastante natural. Algunas fronteras están más en nuestra mente que en la realidad misma. El Acorde de Prometeo (la armonía típicamente scriabiniana) supone una intensificación armónica a la vez que diluye las funciones tradicionales del sistema tonal. Pero esos rasgos los encontramos también en la obra de López López –que juega con la descomposición del espectro armónico–, en la atonalidad triádica de Jesús Torres, o en las resonancias mantenidas con el pedal central de las obras de Sánchez-Verdú y Domínguez. 

En el disco se alternan las obras de estos autores y las de Scriabin, ¿cómo se ha decidido el orden de las partituras? El orden del disco, ¿responde a alguna lógica en particular?

Quería ante todo empezar el disco con Laberinto de silencios. La sutileza en el sobreagudo que va descendiendo como de los cielos. Luego se van alternando las piezas de Scriabin, ordenadas por número de opus, y los contemporáneos según su lenguaje, del más tradicional al más experimental, con el objetivo de mostrar ese hilo conductor oculto pero evidente. Elegí piezas inspiradas en tradiciones esotéricas, o en símbolos tan potentes como los espejos o el fuego de los Jardines de Sánchez-Verdú. 

El álbum incluye también algunas primeras grabaciones.

Efectivamente, hay tres primeras grabaciones mundiales:  Semejante a la noche de Jesús Torres, Jardín de fuego de José María Sánchez-Verdú, y la pieza de Francisco Domínguez, creada expresamente para este disco sobre los bocetos de Mysterium, la obra inacabada de Scriabin. 

Con respecto a la música de Scriabin, se ha tildado siempre su obra de enigmática y lo cierto es que tiene un poso de modernidad a veces desconcertante y que solo se ha ido digiriendo con el paso del tiempo. En su experiencia con su obra, ¿cuáles diría que son las singularidades de su obra para piano, en particular?

Algo que me llama la atención de Scriabin es que su lenguaje no es un mero vehículo sino que es parte de su mundo filosófico. Seguramente es enigmático porque demuestra la inconsistencia de los paradigmas previos. Scriabin es especialista en instalar ambigüedades donde otros creían ver certezas. En lo musical, las funciones de tónica y dominante son sustituídas por distancias simétricas, de manera que lo mismo da una cosa que la otra, como si el tono principal se estuviera mirando a sí mismo en un espejo y se enrarecieran las tensiones y las jerarquías. En lo filosófico pasa igual. Habla de un mundo simbólico, inconsciente, paralelo (Misas negras, Poemas satánicos…), mientras que la tradición positivista había creído que sólo existe lo que podemos tocar con las manos.

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El título del disco, Scriabin Notebook, ¿dónde tiene su origen o inspiración? Leyendo las notas al disco, entiendo que es un proyecto con un potente calado intelectual y conceptual, en el que la música es en realidad la vía para expresar algo más próximo incluso a la filosofía y a la metafísica.

El título alude a los cuadernos de notas de Scriabin, donde el compositor esbozaba sus ideas filosóficas a través de poemas, dibujos y textos bastante abstractos. Es una especie de William Blake multifacético, uno de esos artistas malditos y visionarios. A mí me interesaba plasmar esas ideas de sus anotaciones, como son el poder del simbolismo o la ambigüedad que encontramos también en el arte de la época, plagado de personajes decadentes y andróginos. Sin embargo el álbum no tiene un diseño precisamente prerrafaelita, sino más de neones ochenteros, seguramente aludiendo a una psicodelia latente en el mundo scriabiniano. Todo está cuidado al detalle: las fotos están hechas en la famosa Sala Equis, templo de la sinvergonzonería madrileña.

El disco ha sido publicado por IBS Classical, ¿cómo fue la grabación?

Tengo mucha confianza en IBS porque Paco Moya para mí no es sólo un productor, es un consejero que sabe ver las ideas que funcionan. Además, grabamos en el Auditorio Manuel de Falla de Granada, que tiene una acústica fabulosa, y elegimos un piano sencillamente insuperable: un Steinway D de Hinves Pianos con una riqueza tímbrica asombrosa.

Sería bueno recapitular su trayectoria más reciente. ¿Qué proyectos recientes o previstos en fechas próximas le gustaría destacar?

Lo más inmediato, la presentación de Scriabin Notebook en la Sede de la SGAE, en Madrid, el próximo miércoles 11 de febrero a las 19h. Intervendrán Jesús Torres, José María Sánchez-Verdú y yo mismo, que interpretaré algunas piezas del disco. Presentará el acto María del Ser. Aparte de eso están por llegar otros proyectos como la grabación discográfica de las Sonatas para violín y piano de Bartók, o una colaboración con Francisco Domínguez para una obra de gran formato, en la misma línea exploratoria de Approaching Mysterium.

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Fotos: © Lara Santaella