Turandot_FSF_26_e.jpg© Franz Schubert Filharmonia 

Una conmemoración a la altura

Durante los últimos años he glosado en varias ocasiones la trayectoria de la Franz Schubert Filharmonia. Hace apenas un año tuve de hecho ocasión de comprobar su desempeño en Dubai, en un festival internacional. Esta temporada la formación impulsada por Tomàs Grau cumple veinte años; no en vano el pasado otoño pudimos celebrar conjuntamente este aniversario y el décimo cumpleaños de Platea Magazine, con una memorable Segunda sinfonía de Mahler, en el Auditorio Nacional de Madrid.  

Creo sinceramente que es necesario ponderar y valorar debidamente el mérito que tiene el hecho de que un proyecto sinfónico privado siga en pie con esta pujanza y afrontando proyectos de envergadura tal como la Turandot que nos ocupa y que han presentado en dos noches en el Palau de la Música Catalana. La Franz Schubert Filharmonia ha sido la única entidad en España pendiente de celebrar el centenario del estreno de Turandot, en las mismas fechas en que se produjo hace cien años en la Scala de Milán.
 
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Dicho todo esto, el mérito de esta Turandot es compartido. La primera a la que hay que aplaudir es la soprano Lianna Haroutounian, quien hacía aquí su debut con la parte protagonista. Su primera Turandot no ha podido ser mejor, excelente desde todo punto de vista, cantando de manera expresiva un rol que en muchas ocasiones suena gritado y cuajado de sonidos tensos e hirientes. Nada de eso se escuchó en la ejecución de Haroutounian, realmente emotiva en la escena en la que se niega a entregar a su corazón a Calaf, una vez este a resuelto sus enigma. 'No, no, non sarò tua! Non voglio, non voglio!’, fueron frases clavadas en el pecho de los oyentes con una emoción desgarradora.

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A su lado Xavier Moreno defendió un Calaf intachable, con muchas tablas y con un agudo seguro y bien resuelto. Algo más destemplada empezó la Liù de Carolina López Moreno, resarciéndose con una intensa y bien medida interpretación de la célebre aria ’Tu che di gel sei cinta’. El bajo David Cervera completaba un cuarteto protagonista de muy notable entidad vocal. 

El cartel se completaba con Carles Pachon como Ping, junto a Andrés Moreno como Pang y Marc Sala como Pong. Muy buen desemepeño de todos ellos, especialmente en el caso de Carles Pachon, quien asumió también el rol del Mandarín. Finalmente, el veterano Raúl Giménez se hizo cargo del rol de emperador Altoum, aportando un indudable oficio.

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La lectura musical liderada por Tomàs Grau tuvo la virtud de disponerse al servicio de las voces y a favor de la narratividad de la obra. El hecho de contar con los músicos en el escenario permitió valorar aún más si cabe la fascinante orquestación de Puccini en esta partitura. Los atriles de la Franz Schubert Filharmonia destacaron, en primer lugar, por la consistencia de su cuerda, de sonido siempre nítido y rico, incluso en las dinámicas más expuestas. La sección de maderas no se quedó atrás, con flauta y oboe rindiendo a un nivel muy alto. Y en el caso de los metales destacaría las expresivas intervenciones del trompeta solista. Mención aparte para el excelente desmepeño de la concertino Maria Florea, liderando el conjunto con enorme entrega y decisión.

Buena labor asimismo del Orfeó Català, más allá de algún pequeño desajuste y algún instante de menor empaste, especialmente en la cuerda masculina. Sea como fuere, encontraron buena conexión con la batuta de Grau y dejaron instantes de gran belleza, sobre todo en los pasajes de más contención vocal y mayor recogimiento expresivo.
 
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La propuesta de esta Turandot tenía también un componente escénico, dentro de las limitaciones que impone un escenario como el del Palau de la Música Catalana. Jordi Gastó hizo de la necesidad virtud, con un vestuario en blanco y negro y con un acting bien medido. Quizá se hubiera podido aportar algo más de teatralidad jugando con la iluminación de la sala, pero nuevamente imagino que ahí las limitaciones del Palau son manifiestas.

Así las cosas, una representación de mucho nivel y con mucho mérito, sin duda a la altura de la efémeride que se pretendía conmemorar y confirmando una vez más el excelente desempeño artísico de la Franz Schubert Filharmonia.

Fotos: © Franz Schubert Filharmonia