© Franz Schubert Filharmonia
Una conmemoración a la altura
Durante los últimos años he glosado en varias ocasiones la trayectoria de la Franz Schubert Filharmonia. Hace apenas un año tuve de hecho ocasión de comprobar su desempeño en Dubai, en un festival internacional. Esta temporada la formación impulsada por Tomàs Grau cumple veinte años; no en vano el pasado otoño pudimos celebrar conjuntamente este aniversario y el décimo cumpleaños de Platea Magazine, con una memorable Segunda sinfonía de Mahler, en el Auditorio Nacional de Madrid.

Dicho todo esto, el mérito de esta Turandot es compartido. La primera a la que hay que aplaudir es la soprano Lianna Haroutounian, quien hacía aquí su debut con la parte protagonista. Su primera Turandot no ha podido ser mejor, excelente desde todo punto de vista, cantando de manera expresiva un rol que en muchas ocasiones suena gritado y cuajado de sonidos tensos e hirientes. Nada de eso se escuchó en la ejecución de Haroutounian, realmente emotiva en la escena en la que se niega a entregar a su corazón a Calaf, una vez este a resuelto sus enigma. 'No, no, non sarò tua! Non voglio, non voglio!’, fueron frases clavadas en el pecho de los oyentes con una emoción desgarradora.

El cartel se completaba con Carles Pachon como Ping, junto a Andrés Moreno como Pang y Marc Sala como Pong. Muy buen desemepeño de todos ellos, especialmente en el caso de Carles Pachon, quien asumió también el rol del Mandarín. Finalmente, el veterano Raúl Giménez se hizo cargo del rol de emperador Altoum, aportando un indudable oficio.

La lectura musical liderada por Tomàs Grau tuvo la virtud de disponerse al servicio de las voces y a favor de la narratividad de la obra. El hecho de contar con los músicos en el escenario permitió valorar aún más si cabe la fascinante orquestación de Puccini en esta partitura. Los atriles de la Franz Schubert Filharmonia destacaron, en primer lugar, por la consistencia de su cuerda, de sonido siempre nítido y rico, incluso en las dinámicas más expuestas. La sección de maderas no se quedó atrás, con flauta y oboe rindiendo a un nivel muy alto. Y en el caso de los metales destacaría las expresivas intervenciones del trompeta solista. Mención aparte para el excelente desmepeño de la concertino Maria Florea, liderando el conjunto con enorme entrega y decisión.

La propuesta de esta Turandot tenía también un componente escénico, dentro de las limitaciones que impone un escenario como el del Palau de la Música Catalana. Jordi Gastó hizo de la necesidad virtud, con un vestuario en blanco y negro y con un acting bien medido. Quizá se hubiera podido aportar algo más de teatralidad jugando con la iluminación de la sala, pero nuevamente imagino que ahí las limitaciones del Palau son manifiestas.
Así las cosas, una representación de mucho nivel y con mucho mérito, sin duda a la altura de la efémeride que se pretendía conmemorar y confirmando una vez más el excelente desempeño artísico de la Franz Schubert Filharmonia.
Fotos: © Franz Schubert Filharmonia