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Troyens Paris19 VincentPontet

 

Los traumas de la guerra

París. 03/02/2019. París. Opéra Bastille. Berlioz: Les Troyens. Brandon Jovanovich, Stéphanie D´Oustrac, Ekaterina Semenchuk, Stéphane Degout, Cyrille Dubois, Véronique Gens, Paata Burchuladze y otros. Dir. de escena. Dmitri Tcherniakov. Dir. musical: Philippe Jordan.

Les Troyens es una ópera imposible. El propio Berlioz murió de hecho sin verla en pie como tal, escenificada completa. En el año del 150 aniversario del fallecimiento de este compositor parecía tarea obligada que la Ópera de París, embarcada además en los fastos por su 350 cumpleaños, rindiese honores a su partitura más sobresaliente, Les Troyens, una suerte de ópera en dos capitulos, Troya y Cartago, conforme a las convenciones de la grand opéra francesa. Fue de hecho con Les Troyens como se inauguró la Opéra Bastille hace ahora treinta años, en una producción de Pier Luigi Pizzi, con las voces de Grace Bumbry Shirley Verret. La ópera volvió a verse en tiempos de Gerard Mortier, a quien por cierto se rendía un sentido homenaje en el programa de mano de estas funciones. Para esta nueva ocasión se había concitado el talento de Dmitri Tcherniakov con un reparto, a priori, de campanillas. Pero la realidad se impone y la Ópera de París ha terminado bregando, sin el éxito que esperaba, por hacer justicia a su grandiosa historia. Y es que tras el relativo fiasco de Les Huguenots, hace apenas unos meses, de nuevo las cancelaciones rebajaron mucho las expectativas con Les Troyens. Ni Bryan Hymel ni Elina Garanca estuvieron finalmente presentes en estas funciones, reemplazados por Brandon Jovanovich y Ekaterina Semechuk respectivamente.

Hymel había paseado ya anteriormente su fantástico Enèe por los escenarios de Londres y Nueva York pero lleva prácticamente una temporada completa desaparecido de los escenarios, con su voz maltrecha. Y Elina Garanca, nos lo había confesado en una entrevista para Platea Magazine, esperaba con ansia su primera Didon, un debut que ya tuvo que posponer hace unos años, cuando estuvo previsto para ella en la Deutsche Oper de Berlín. Así las cosas, el elenco no tenía ya de antemano el mismo aliciente, aunque debo decir que los reemplazos fueron, cuando menos, dignos. Con todas las distancias, pero sirva la referencia para entendernos, Brandon Jovanovich firma un Eneas alla Vickers. De fraseo algo rudo, ciertamente posee las notas -no sin alguna dificultad en el agudo-, pero su emisión se antoja ajena a este repertorio, por el que se mueve con desigual fortuna, impetuoso y heroíco, sin arredrarse, pero incapaz de encontrar la poesía y el lirismo debidos en toda la extensa escena con Didon, por ejemplo. Ekaterina Semenchuk comparte, por lo general, la misma distancia con el repertorio francés que identificamos en Jovanovich, pero es una artista más genuina y expresiva, capaz de comunicar desde un estilo propio y con una voz más que notable, de eso no hay duda.

Quizá la artista más ortodoxa de todo el elenco fue la mezzosoprano francesa Stéphanie D´Oustrac, prestando su voz a la parte de Cassandre. Si bien sus medios quedan algo cortos en la gran sala de Bastille, d´Oustrac se mueve como pez en el agua con este repertorio y la parte en cuestión se adapta como un guante a su noble expresividad, con un aire trágico extraordinario. Lo mismo sucede con su implicación escénica, perfectamente mimetizada con las directrices de Tcherniakov. Del resto del elenco hay que resaltar el buen hacer de Cyrille Dubois como Iopas (bellísima su escena) y Stéphane Degout como Chorèbee (¡qué elegancia cantando!), excelentes en todas sus intervenciones. Apreciable, asimismo, la presencia de solistas como Véronique Gens (Hécube de lujo, pues apenas interviene) o Paata Burchuladze (Priam, ya en las últimas) redondeando un elenco interesante y nada fácil de sostener.
 
Como sucediera con su aclamada Carmen de Aix, Dmitri Tcherniakov ensaya a disponer el teatro como terapia, aunque con mucha menos fortuna aquí que con la obra de Bizet. La primera parte de la representación, la correspondiente a Troya, traslada la acción a un escenario un tanto atemporal, a la realidad de cualquier viejo régimen sacudido por los avatares del cambio. Lo mismo podríamos estar en Siria que en Ucrania; el cuadro nos presenta a la familia de un gobernante autoritario, una suerte de dictadura militar con todas sus ponzoñosas y consabidas relaciones internas. Y afuera la dura realidad de un país que se desmorona, casi en ruinas, narrado todo ello por las cámaras para que pueda seguirse en vivo y en directo a miles de kilómetros de distancia. El impacto de la propuesta es genuino y dramáticamente se sostiene con admirable consistencia sobre el libreto original.
 
No hay aquí romanticismo, no hay épica, ni mucho menos la habrá en la segunda parte del espectáculo, la correspondiente a Cartago, transmutada aquí en un centro terapeútico para tratar los traumas de la guerra. Didon es aquí una paciente que no parece gestionar bien su abandono. Y Eneas se asemeja a un combatiente que no ha asimilado que la guerra ya concluyó. La idea es potente, atractiva e intensa de entrada, pero se va a desmoronando conforme avanza la acción, forzando Tcherniakov las costuras en demasía. El perfil analítico y psicológico de su dirección, con su atractiva desnudez, no basta para convertir todo el cuadro de Cartago en un juego de roles verdaderamente convincente.
 
Poco atractiva en el foso la dirección de Philippe Jordan. Más bien plana, con poco vuelo y por lo general carente de intensidad, firmó un Berlioz moroso y pesante, sin genuina tensión teatral, sin épica y demasiado blando en las páginas de aire lírico y contemplativo. Analítico en exceso, su enfoque cuadra bien con el marcado acento psicológico de la producción, pero pasa por alto el romanticismo connatural a la partitura de Berlioz. Excelentes, eso sí, las prestaciones de la orquesta titular de teatro, en indudable buena forma, lo mismo que el coro, brillante en todas sus intervenciones. La partitura, por cierto, no se ofreció íntegra, algo que no parece tener demasiada justificación en pleno año Berlioz.
 

 

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