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UIV

Carmen D Oustrac TeatroReal

Amor y libertad en tiempos de banderas

Madrid. 03/11/2017. Teatro Real. Bizet: Carmen. Stéphanie d´Oustrac, Andrea Carè, Olga Busuioc, Kyle Ketelsen, Lidia Vinyes Curtis, Olivia Doray, Mikeldi Atxalandabaso, Isaac Galán, Borja Quiza y Jean Teitgen. Dir. de escena: Calixto Bieito. Dir. musical: Marc Piollet.

Que dos no se aman si uno no quiere es algo tan obvio como cuestionable, perturbador incluso, habida cuenta del sinfín de relaciones que están basadas en un amor que no es tal y que enmascara dependencias emocionales y económicas, miedos, frustraciones e inseguridades. El amor es una maravilla inefable pero también trae consigo un aliento de tragedia. Bizet acertó a poner música a estas ambivalencias con su Carmen, hoy vigente como pocas óperas del repertorio lo están, cuando aún contamos las víctimas de la violencia de género por decenas cada año. El amor y la violencia, los celos y la desconfianza, la libertad y la dependencia... Carmen y Don José. Siempre es bienvenida, pues, esta ópera inmortal y más en la producción de Calixto Bieito, pero conviene recapitular algunas cosas antes de valorar esta función que nos ocupa.

Según constaba en el primer avance informativo de la programación prevista en ocasión de su Bicentenario, el Teatro Real -en coproducción con la Royal Opera House de Londres- tenía planeada una nueva producción de Carmen firmada por Mariame Clément, evento que hubiese sido mucho más acorde que la reciente Favorite en concierto para conmemorar el 20 aniversario de la reapertura del coliseo madrileño. Sin embargo, las apreturas presupuestarias obligaron a cambiar la propuesta por una reposición -otra más...- de la producción firmada por Calixto Bieito y cuya idea original fue concebida para el Festival de Peralada allá por 1999. En su entrevista para Platea Magazine, el propio director de escena se refería a esta producción como un clásico, habida cuenta de las numerosas ocasiones en que se ha repuesto por escenarios de medio mundo, en sus casi dos décadas de historia. Y lo cierto es que su propuesta sigue vigente, joven y fresca como si se hubiera estrenado ayer. 

El de Bieito es un trabajo inteligente de principio a fin, puro teatro, con unos personajes bien perfilados, contemporáneos aunque sin perder su arquetipo original, en un respeto al texto que se mueve casi como un equilibrista en el alambre, encontrando incluso dobles sentidos y acentuando incluso el acento de una música sumamente inspirada y aún hoy única. Jugando a placer con la fuerza iconográfica de este mito, encrucijada de ideales liberales, aires andaluces y tópicos patrios, la de Bieito es una Carmen de hoy que es ya, al mismo tiempo, la de siempre, un clásico por derecho propio, sin perder por cierto un ápice del sentido original de la obra como tragedia.

No estuvo a la misma altura la dirección musical de Marc Piollet, apenas suficiente, a menudo superficial, lenta en demasía en el dúo final, gruesa en los concertantes aunque con buenos detalles en los momentos más líricos, como el aria de la flor, bellamente acompañada. La orquesta titular del teatro se mueve aún hoy en una grisácea corrección: todo suena en su sitio pero todo suena anónimo, como llevado por inercia. El coro sonó más implicado aunque con una irritante tendencia a buscar más y más volumen, incluso cuando no viene a cuento.

Como probó sobradamente este verano, en la nueva producción de Carmen firmada por Tcherniakov en Aix-en-Provence, Stéphanie d´Oustrac es una gran cantante-actriz, de expresividad consumada, sumamente convincente en escena y dueña de instrumento suficiente, que no superdotado, que maneja no obstante con inteligencia, maximizando sus recursos. No será una Carmen histórica pero es una Carmen auténtica, de rompe y rasga, de los pies a la cabeza.

A pesar de una emisión nasal e irregular, el tenor italiano Andrea Carè defendió su Don José con un fraseo gallardo, aliñado de buenas intenciones en los momentos más líricos, aunque lastrado ya digo por una técnica que le garantiza resistencia pero le resta flexibilidad. Kyle Ketelsen sonó rotundo y bien medido en la parte de Escamillo, vocalmente seguro e implicado con la propuesta escénica. Olga Busuioc firmó una Micaëla de buen lirismo, mostrando un instrumento amplio y capaz, más allá de algún tibio descontrol en la franja aguda. Buen trabajo, como era de esperar, de Lidia Vinyes Curtis, Olivia Doray, Mikeldi Atxalandabaso, Isaac Galán, Borja Quiza y Jean Teitgen cerrando el reparto de cantantes.

Por cierto, como bien apuntó ya mi colega Gonzalo Lahoz al hilo del otro reparto, llama poderosamente la atención que el Teatro Real, en la Carmen de su Bicentenario, no haya reunido a ningún cantante español para los roles principales: ni María José Montiel, ni Nancy Fabiola Herrera, ni Jorge de León, ni Carlos Álvarez, por citar sólo algunos de los más relevantes y reconocidos internacionalmente. Por supuesto abundan los solistas españoles en los roles comprimarios, pero mucho me temo que eso no basta. 

 

 

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